En el pueblito donde yo crecí, cuando yo era niña no había nada del tipo “selvático”, es decir, las frutas eran frutas y basta. El que crecieran árboles frutales sin ton ni son eran parte de nuestro entorno, no algo que pudiera definirse como ‘salvaje’ o ‘selvático’.
En mi casa, si teníamos que usar limones bastaba que fuéramos al patio y recogíamos los que había por el suelo, si teníamos ganas de hacernos un licuado de papaya había solo que cortarla cuidadosamente del árbol que estaba junto al palo que sostenía la antena de televisión.
si queríamos una ciruela dulce y jugosa no había más que subirse al árbol y cortar la más atractiva y comerla aún caliente por el sol.
Los mangos, nísperos, guanábanas, nances, guayabas, mameys, maracuyás y demás frutas tropicales se podían recoger tranquilamente durante el trayecto de escuela a casa sin que nadie se disturbara porque regresáramos con la mochila reventando de frutas que se pudrían en el suelo porque simplemente nadie las recogía.
Así que lo mismo se preparaba un guacamole con los aguacates de Doña Panchita (la vecina) que un agua fresca con los tamarindos que nos traía algún amigo cuando venía de visita.
Las frutas no eran salvajes o al menos yo no hubiera sabido responder si alguien me hubiera preguntado que tipo de fruta era el mango que en ese momento me comía y cuyos jugos me chorreaban por el mentón y me manchaban la blusa de la escuela.
Los sabores eran aquellos y nunca de niña supe a que sabía un melón cultivado en vivero, porque simplemente los melones los sembraba mi abuelo entre plantas de tomates, lechuga y alguna que otra impronunciable yerba aromática.
Hace unos días encontré en el mercado estos albaricoques chiquitos. Cuando el vendedor me dijo que eran selváticos yo me quedé sin habla hasta que Max me dijo quedito: quiere decir que no son cultivados, son de árboles que crecen solos en el campo sin que nadie se preocupe de darles agua o cosas para que crezcan.
No soy una ingenua. Sé desde hace mucho tiempo que los productos que compramos y consumimos vienen desde quien sabe donde, crecen con quien sabe que cosas y son tan bellos que hasta nos dan ganas de ponerlos en botes de vidrio y conservarlos adornando los estantes de nuestras casas.
Pero el haberme quedado sin habla no fue porque me horroricé o porque no supe que decir. No. Fué porque en tres segundos me llegaron a la mente todos los sabores frutales de mi infancia, esos que hoy llamarían selváticos pero que en ese entonces eran simplemente de la calle.
Crostata de albaricoques, miel y ajonjolí.
200gr de harina
90gr de mantequilla fría cortada a cubitos
70gr de azúcar
1 huevo
1 cda de miel
1 cdita de ajonjolí
Para el relleno:
400gr de albaricoques selváticos cortados a mitad y deshuesados.
60gr de azúcar
1 cda de miel
el jugo de medio limón
1 cdita de ajonjolí
Preparar la masa acomodando la harina y el azúcar (mezcladas) a volcán y poniendo enmedio todos los demás ingredientes. Con un cuchillo de hoja gruesa comenzar a laborar todo hasta formar una masa desmigajada. Dar una amasada veloz para compactarla y poner en el frigo por 30min.
En un contenedor poner todos los ingredientes y mezclarlos cuidadosamente. Dejar reposar por 15min.
Extender la masa y forrar con ésta un molde engrasado para tartas (o varios pequeñitos si se quieren hacer tartaletas), usar un tenedor para picar la masa y evitar que se levante en la primera horneada. Poner en el horno previamente calentado a 175° y hornear por unos 20min. Sacar y rellenar con el preparado de albaricoques. Volver a hornear hasta que las orillas de la crostata estén doradas y los albaricoques estén suavísimos al tacto.
Leggere in italiano
Nel paesino dove sono cresciuta, quando ero bambina non esisteva niente nominato “selvatico”, cioè, la frutta era frutta e basta. Il fatto che gli alberi di frutta crescessero senza controllo era parte del nostro intorno, non qualcosa che si potrebbe definire come “selvatico”.
A casa mia, se volevamo usare limoni bastava andare al patio e racogliessimo qualli che stavano per terra. Se avevamo voglia di un frullato di papaya, dovevamo solo raccoglierla con attenzione dall’albero che c’era vicino al palo che sosteneva l’antenna della televisione.
Se volevamo una ciliegia (quelle di Colima), dolce e sugosa non dovevamo fare altro che salire sull’albero e prendere quella più bella e mangiarla ancora calda per il sole.
I mangos, nespole, guanábanas, nances, guayabas, mameys, maracuyá e tanta altra frutta tropicale si potevano raccogliere tranquillamente durante il tragitto da scuola a casa senza che nessuno si sorprendesse perchè rientravamo con lo zaino strapieno di frutta che raccoglievamo dal suolo direttamente.
Quindi lo stesso si preparava un guacamole con gli avocados di Doña Panchita (la vicina) o un’acqua fresca con i tamarindos che qualche amico portava quando veniva in visita.
La frutta non era “selvatica” o almeno io non avrei saputo rispondere se qualcuno mi avesse chiesto che tipo di frutta era il mango che in quel momento stavo mangiando e di cui il succo mi sgocciolava dal mento e mi macchiava la maglietta della scuola.
I sapori erano quelli e mai da bambina seppi qual’era il sapore di un melone coltivato in serra, perchè semplicemente i meloni li seminava mio nonno tra le piante di pomodoro, lattuga e qualche altra impronunciabile erba aromatica.
Qualche giorno fa, trovai al mercato quest’ albicocche piccoline. Quando il contadino mi disse che erano selvatiche io rimasi senza parole, fino che Max si dise sottovoce: Vuole dire che non sono coltivate, sono degli alberi che crescono da soli in campagna senza che nessuno si preoccupi di darli acqua o qualcos’altro.
Non sono un’ingenua. So da molto tempo che i prodotti che compriamo e consumiamo vengono chissà da dove, crescono con chissachè e sono così belli che ci piacerebbe metterli in barattoli di vetro e lasciarli sugli scaffali della cucina.
Ma essere rimasta senza parole non è stato perchè mi sono scandalizzata o non ho saputo cosa dire. No. E’ stato perchè in quei tre secondi mi sono ritornati alla mente tutti i sapori dei frutti della mia infanzia, quelli che oggi chiamarebbero selvatici ma che per me erano semplicemente dalla strada.
Crostata di albicocche, miele e sesamo.
200gr di farina
90gr di burro freddo tagliato a cubetti
70gr di zucchero
1 uovo
1 cucchiaio di miele
1 cucchiaino di semi di sesamo
Per il ripieno:
400gr di albicocche selvatiche tagliate a metà e disossate.
60gr di zucchero
1 cucchiaio di miele
il succo di un limone medio
1 cucchiaino di semi di sesamo
Preparare l’impasto sistemando la farina e lo zucchero (mischiati) a vulcano e mettendo nel mezzo tutti gli altri ingredienti. Con un coltello di lama larga lavorare tutto fino a formare un’impasto sbricioloso. Dare un’impastata veloce per compattare e mettere nel frigo per 30min.
In un contenitore mettere tutti gli ingredienti per il ripieno e mescolarle con attenzione. Lasciar riposare per 15min.
Stendere l’impasto e imburrare una teglia per crostate (o anche varie più piccole se volete fare delle tartellete). Foderare la teglia e usare una forcheta per picchettare l’impasto affinchè non si alzi quando s’infornerà. Mettere nel forno già scaldato a 175° per 20min. Togliere e rimpieri con il preparato di albicocche. Infornare nuovamente fino a che il bordo della crostata si sarà dorato e le albicocche sarano soffici al tatto.
21 Responses to Crostata con albaricoques selváticos {frutas de la calle}
Qué maravilla de niña haber disfrutado de esos sabores, en este mundo que hemos creado o que otros han creado (o destruído, según se mire) para nosotros lo quedebería ser normal es un lujo, ¡qué cosas!
Seguro que tenían un sabor increíble y la pinta que tiene este plato es maravillosa, no veas qué antojo entra de probar al menos un pedacito.
Besos.
¡Qué rico se ve!
Ahora estoy haciendo muy seguido pasta frola (mi única tarta), así que esta receta me parece fácil de hacer.
Para mí los albaricoques son damascos y el ajonjolí, sésamo. Se la ve muy rica.
El progreso que nos ha traído tantas comodidades nos ha quitado la posibilidad de disfrutar de tantas cosas sencillas y naturales que no sé si habremos salido perdiendo…
La tarta es fantástica!
Un besico.
Qué gran suerte tuviste al poder apreciar esos sabores!
Has traído a mi mente cuando yo podía saborear los embutidos de la matanza , sin pasar por ningún sitio , del cerdo al balcón a curar y después a mi tripota!
Preciosa, preciosa la primera foto!! Ha cambiado todo tanto desde que éramos pequeñas que ahora las cosas necesitan etiquetas… biológicas, ecológicas… con lo bonito que era hacer como tu hacías, coger de un árbol el limón…. un abrazo!!
Qué maravilla de receta con esas frutitas deliciosas. Se me ha antojado nada más verla con ese colorido se ma hace la boca agua. Te quieres creer que no ha probado una crostata?. Viendo esta maravilla d fotos no me resisto a probarla. Ten por seguro que lo haré en breve. Me ha encantado la receta.
Gracias por la visita y el comentario. Hace días que me es imposible encender el ordenador de lo atareada que estoy.
Besotoes guapa
Hola, muchas gracias. Respondiendo a tu pregunta: La verdad no creo tener los conocimientos necesarios para aventarme en semejante empresa :) quizás en unos años, pero por el momento, no.
Gracias por pasar~
This cake is absolutely gorgeous. I saw the photo on Pinterest and had to come here to explore. And i am very happy I did – I love your site :-). I would like to invite you to share your recipes on a new recipe sharing website, RecipeNewZ (with Z). When you submit a photo of your dish, it is published within minutes and links back to your blog. Hundreds of bloggers have already joined. Try it out: http://recipenewz.com
ciao Maricruz, vorrei sapere dove posso trovare queste posate che sono nella foto, ho visto anche altre posate colorate nelle tue fotografie sono di plastica vero?. Sono molto belle, sto girando tutta Roma ma non le trovo…. Ciao
Ciao Francesca, io le ho trovato in un piccolo negozio di…ferramenta! cioè, quelli che vendono ferramenta e anche articoli per la casa, li avevano in un canestrino insieme ad altre cose e ce n’erano solo poche confezioni, non le ho più viste, ma se li rivedo ti faccio sapere subito l’indirizzo esatto, ok? :)
Crostata con albaricoques selváticos {frutas de la calle}
En el pueblito donde yo crecí, cuando yo era niña no había nada del tipo “selvático”, es decir, las frutas eran frutas y basta. El que crecieran árboles frutales sin ton ni son eran parte de nuestro entorno, no algo que pudiera definirse como ‘salvaje’ o ‘selvático’.
En mi casa, si teníamos que usar limones bastaba que fuéramos al patio y recogíamos los que había por el suelo, si teníamos ganas de hacernos un licuado de papaya había solo que cortarla cuidadosamente del árbol que estaba junto al palo que sostenía la antena de televisión.
si queríamos una ciruela dulce y jugosa no había más que subirse al árbol y cortar la más atractiva y comerla aún caliente por el sol.
Los mangos, nísperos, guanábanas, nances, guayabas, mameys, maracuyás y demás frutas tropicales se podían recoger tranquilamente durante el trayecto de escuela a casa sin que nadie se disturbara porque regresáramos con la mochila reventando de frutas que se pudrían en el suelo porque simplemente nadie las recogía.
Así que lo mismo se preparaba un guacamole con los aguacates de Doña Panchita (la vecina) que un agua fresca con los tamarindos que nos traía algún amigo cuando venía de visita.
Las frutas no eran salvajes o al menos yo no hubiera sabido responder si alguien me hubiera preguntado que tipo de fruta era el mango que en ese momento me comía y cuyos jugos me chorreaban por el mentón y me manchaban la blusa de la escuela.
Los sabores eran aquellos y nunca de niña supe a que sabía un melón cultivado en vivero, porque simplemente los melones los sembraba mi abuelo entre plantas de tomates, lechuga y alguna que otra impronunciable yerba aromática.
Hace unos días encontré en el mercado estos albaricoques chiquitos. Cuando el vendedor me dijo que eran selváticos yo me quedé sin habla hasta que Max me dijo quedito: quiere decir que no son cultivados, son de árboles que crecen solos en el campo sin que nadie se preocupe de darles agua o cosas para que crezcan.
No soy una ingenua. Sé desde hace mucho tiempo que los productos que compramos y consumimos vienen desde quien sabe donde, crecen con quien sabe que cosas y son tan bellos que hasta nos dan ganas de ponerlos en botes de vidrio y conservarlos adornando los estantes de nuestras casas.
Pero el haberme quedado sin habla no fue porque me horroricé o porque no supe que decir. No. Fué porque en tres segundos me llegaron a la mente todos los sabores frutales de mi infancia, esos que hoy llamarían selváticos pero que en ese entonces eran simplemente de la calle.
Leggere in italiano
Nel paesino dove sono cresciuta, quando ero bambina non esisteva niente nominato “selvatico”, cioè, la frutta era frutta e basta. Il fatto che gli alberi di frutta crescessero senza controllo era parte del nostro intorno, non qualcosa che si potrebbe definire come “selvatico”.
A casa mia, se volevamo usare limoni bastava andare al patio e racogliessimo qualli che stavano per terra. Se avevamo voglia di un frullato di papaya, dovevamo solo raccoglierla con attenzione dall’albero che c’era vicino al palo che sosteneva l’antenna della televisione.
Se volevamo una ciliegia (quelle di Colima), dolce e sugosa non dovevamo fare altro che salire sull’albero e prendere quella più bella e mangiarla ancora calda per il sole.
I mangos, nespole, guanábanas, nances, guayabas, mameys, maracuyá e tanta altra frutta tropicale si potevano raccogliere tranquillamente durante il tragitto da scuola a casa senza che nessuno si sorprendesse perchè rientravamo con lo zaino strapieno di frutta che raccoglievamo dal suolo direttamente.
Quindi lo stesso si preparava un guacamole con gli avocados di Doña Panchita (la vicina) o un’acqua fresca con i tamarindos che qualche amico portava quando veniva in visita.
La frutta non era “selvatica” o almeno io non avrei saputo rispondere se qualcuno mi avesse chiesto che tipo di frutta era il mango che in quel momento stavo mangiando e di cui il succo mi sgocciolava dal mento e mi macchiava la maglietta della scuola.
I sapori erano quelli e mai da bambina seppi qual’era il sapore di un melone coltivato in serra, perchè semplicemente i meloni li seminava mio nonno tra le piante di pomodoro, lattuga e qualche altra impronunciabile erba aromatica.
Qualche giorno fa, trovai al mercato quest’ albicocche piccoline. Quando il contadino mi disse che erano selvatiche io rimasi senza parole, fino che Max si dise sottovoce: Vuole dire che non sono coltivate, sono degli alberi che crescono da soli in campagna senza che nessuno si preoccupi di darli acqua o qualcos’altro.
Non sono un’ingenua. So da molto tempo che i prodotti che compriamo e consumiamo vengono chissà da dove, crescono con chissachè e sono così belli che ci piacerebbe metterli in barattoli di vetro e lasciarli sugli scaffali della cucina.
Ma essere rimasta senza parole non è stato perchè mi sono scandalizzata o non ho saputo cosa dire. No. E’ stato perchè in quei tre secondi mi sono ritornati alla mente tutti i sapori dei frutti della mia infanzia, quelli che oggi chiamarebbero selvatici ma che per me erano semplicemente dalla strada.
Crostata di albicocche, miele e sesamo.
Per il ripieno:
Preparare l’impasto sistemando la farina e lo zucchero (mischiati) a vulcano e mettendo nel mezzo tutti gli altri ingredienti. Con un coltello di lama larga lavorare tutto fino a formare un’impasto sbricioloso. Dare un’impastata veloce per compattare e mettere nel frigo per 30min.
In un contenitore mettere tutti gli ingredienti per il ripieno e mescolarle con attenzione. Lasciar riposare per 15min.
Stendere l’impasto e imburrare una teglia per crostate (o anche varie più piccole se volete fare delle tartellete). Foderare la teglia e usare una forcheta per picchettare l’impasto affinchè non si alzi quando s’infornerà. Mettere nel forno già scaldato a 175° per 20min. Togliere e rimpieri con il preparato di albicocche. Infornare nuovamente fino a che il bordo della crostata si sarà dorato e le albicocche sarano soffici al tatto.
21 Responses to Crostata con albaricoques selváticos {frutas de la calle}
Post cruel no sabes el antojo de cada una de las frutas que mencionaste, el guacamole más y bueno qué decir del agua de tamarindo!!!!
Se antoja tu postre con mi café.
Zarawitta, de la misma manera que tu me antojaste todas esas cosas la última vez que fuiste a México! (sobre todo los tamales:))
Pero qué pinta tiene esto!!! y qué colorido tan maravilloso… se me antojó sólo de verlo!!!
Qué maravilla de niña haber disfrutado de esos sabores, en este mundo que hemos creado o que otros han creado (o destruído, según se mire) para nosotros lo quedebería ser normal es un lujo, ¡qué cosas!
Seguro que tenían un sabor increíble y la pinta que tiene este plato es maravillosa, no veas qué antojo entra de probar al menos un pedacito.
Besos.
Las frutas …es que al crecer en México, nada es salvaje porque todo lo es!! crece ahí a disposición de quien los cuida…y esta tarta es un bellezón!
Besotes.
¡Qué rico se ve!
Ahora estoy haciendo muy seguido pasta frola (mi única tarta), así que esta receta me parece fácil de hacer.
Para mí los albaricoques son damascos y el ajonjolí, sésamo. Se la ve muy rica.
Besos.
El progreso que nos ha traído tantas comodidades nos ha quitado la posibilidad de disfrutar de tantas cosas sencillas y naturales que no sé si habremos salido perdiendo…
La tarta es fantástica!
Un besico.
Qué gran suerte tuviste al poder apreciar esos sabores!
Has traído a mi mente cuando yo podía saborear los embutidos de la matanza , sin pasar por ningún sitio , del cerdo al balcón a curar y después a mi tripota!
Preciosa, preciosa la primera foto!! Ha cambiado todo tanto desde que éramos pequeñas que ahora las cosas necesitan etiquetas… biológicas, ecológicas… con lo bonito que era hacer como tu hacías, coger de un árbol el limón…. un abrazo!!
Gracias por su visita!~
Qué maravilla de receta con esas frutitas deliciosas. Se me ha antojado nada más verla con ese colorido se ma hace la boca agua. Te quieres creer que no ha probado una crostata?. Viendo esta maravilla d fotos no me resisto a probarla. Ten por seguro que lo haré en breve. Me ha encantado la receta.
Gracias por la visita y el comentario. Hace días que me es imposible encender el ordenador de lo atareada que estoy.
Besotoes guapa
Hola! me gusta mucho tu trabajo y te visito cada vez que escribes algo, has pensando en hacer cursos online?
Hola, muchas gracias. Respondiendo a tu pregunta: La verdad no creo tener los conocimientos necesarios para aventarme en semejante empresa :) quizás en unos años, pero por el momento, no.
Gracias por pasar~
This cake is absolutely gorgeous. I saw the photo on Pinterest and had to come here to explore. And i am very happy I did – I love your site :-). I would like to invite you to share your recipes on a new recipe sharing website, RecipeNewZ (with Z). When you submit a photo of your dish, it is published within minutes and links back to your blog. Hundreds of bloggers have already joined. Try it out: http://recipenewz.com
¡Que bonito todo! Y seguro que tendrá muchísimo sabor.
Abrazos.
Que buena pinta que tiene, cojo un trozín para desayunar:P
hoysonrioalespejo.blogspot.com
Pingback: Paseo por la Gastronomía de la Red CXLIX | Cocinas y recetas
Ma che meraviglia vedere le tue foto, sono una gioia per gli occhi.
un grande abbraccio e una buona e fresca vacanza in campagna…..
ciao Maricruz, vorrei sapere dove posso trovare queste posate che sono nella foto, ho visto anche altre posate colorate nelle tue fotografie sono di plastica vero?. Sono molto belle, sto girando tutta Roma ma non le trovo…. Ciao
Ciao Francesca, io le ho trovato in un piccolo negozio di…ferramenta! cioè, quelli che vendono ferramenta e anche articoli per la casa, li avevano in un canestrino insieme ad altre cose e ce n’erano solo poche confezioni, non le ho più viste, ma se li rivedo ti faccio sapere subito l’indirizzo esatto, ok? :)
Grazie Maricruz!!! mi faresti un grande piacere….