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Carbonara romana en 10 minutos { ma che ce vò! }

Carbonara romana en 10 minutos { ma che ce vò! }

 

Me estoy volviendo una purista. Como en todas las cosas que hago, hay veces que me voy a los extremos. O muy permisiva o una total dictadora. O de derecha o de izquierda. Jamás términos medios.

Los extremos no son buenos, dicen. Pero cuando se trata de comida a veces los extremos (como obsesionarse con una receta) son los que me han llevado a descubrir platos que antes detestaba o que no podía ver ni en pintura (o fotografía si a esas vamos).

La única carbonara que comía era la de un restaurante que hay cerca de casa e igual me podían poner el mejor plato de carbonara delante yo simplemente con mirarlo decía: ¡Eeeh no! esto tiene huevo crudo y yo los huevos crudos solo para tirárselos a Berlusconi -y si son podridos, mejor-.

Mi marido juraba y perjuraba que la carbonara que hacía su madre era la mejor carbonara del mundo. Y yo, claro, porque sé que eso es lo mismo que dicen todos los italianos de sus adoradas madres solo le lanzaba miradas llenas de odio y pensaba: Porque no has probado la mía, querido.(aunque jamás había preparado una en vida mía).

Como soy una que odia a la suegra con todo el corazón, me tragué mi orgullo y un día le dije con mi mejor sonrisa: mamma, me la fai una carbonara domani per pranzo? (mamá ¿me haces una carbonara mañana para el almuerzo?).
A lo que ella ni tarda ni perezosa me responde: ma te la faccio adesso amore mio! che ce vò!? (te la hago ahora mismo, mi amor! no se tarda nada!?).

Yo, que parece que la conozco de toda una vida y que sé que su “che ci vuole” (che ce vò) a veces significa “ahora mismo”, como a veces significa “me tengo que desmantelar todos los estantes de la cocina, pintarlos y volverlos a montar, sacar a pasear al perro e ir a hacerme la depilación brasileña”-, pensé que tendría tiempo para al menos bajar a casa, tomar mis bártulos y fotografiarla en plena acción.

Cuando regresé me la encuentro en la cocina duro y dale que mezclaba ya los spaghetti y quedé tan embelesada mirándola con que atención y cuidado lo hacía, que aventé la cámara al sillón y me senté a la mesa de la cocina mientras terminaba de preparalos.
Porque si ¿eh? que aqui el truco de toda buena carbonara que se aprecie de serlo, es la mezclada, la amalgamada, la batida pues. Los ingredientes son esenciales, claro. Pero la mezclada…ah la mezclada es otra cosa.

Mientras batía que batía y yo la miraba, me escapaban las preguntas, los mitos, todo junto. Y ella solo se limitaba a responderme y lanzarme de vez en cuando miradas de “ahora vemos si de verdad no te gustará mi carbonara.”

Mamma, pancetta o guanciale? Ma che!  en la carbonara va el guanciale, la pancetta es solamente para los lugares donde no venden el guanciale, entonces si, no hay de otra más que ponerle pancetta.

Mamma, y la nata (crema) o la leche ¿cuando se le agrega?- Madò quelle sò zozzerie! (esas son cochinadas!) ¿De dónde has sacado que la carbonara lleva crema o leche?.

¿Le pones todos los huevos enteros?- Amor mío, en tiempos pasados botar la comida era pecado y uno no estaba para esas cosas. Hoy en día las personas botan la comida como si nunca hubieran sufrido el hambre y eso no está bien. Además, en Roma se dice: n’ovo pe’ ognuno più uno pe’ a padella (un huevo por cada uno, más uno para la sartén).

Entonces ¿Tampoco lleva cebolla? No. Punto. Ahora basta con estas recetas estrambóticas y prueba mi carbonara.

Digo solo una cosa, ya para finalizar. Max tenía razón. Y es que donde se ponga mi suegra, que se quite Jamie Oliver porque su carbonara fa schifo. He dicho.

Carbonara romana:

  • Guanciale (sustituir con pancetta si no es posible conseguir el guanciale)
  • Pecorino romano rayado (se puede sustituir con parmesano)
  • Huevos (frescos)
  • aceite de oliva
  • Sal
  • Pimienta
  • Spaghetti
  • NO agregar: Leche, crema o nata, cebolla. Y no es no ¿eh? hey! he dicho que no! que te veo desde aqui ¿eh?.

No pongo cantidades porque nunca he tomado notas cuando la hago. La única cosa segura es que es un huevo por persona y uno extra (cuando son más de 4 personas).

Poner el agua para los spaghetti a hervir y mientras tanto cortar el guanciale en tiras o cuadritos. En una cacerola antihaderente poner un poco de aceite y sofreír el guanciale lentamente a fuego bajo hasta que la parte blanca esté transparente y la parte oscura esté crujiente (recuerda que el guanciale suelta bastante grasa por lo que pongan atención a la hora de agregar aceite).

En un contenedor poner los huevos, una pizca de sal y un poco de pimienta apenas triturada. Batir hasta formar una crema y que no se vean rastros de clara de huevo.

Colar los spaghetti. En un contenedor grande (tipo una ensaladera) poner un poco de la mezcla de huevo y agregar los spagehtti. Comenzar a agregar el resto de la mezcla de huevo lentamente, agregando de a poco y por cucharadas el pecorino rayado. Se requiere una cierta paciencia para mezclar, lentamente y poco a poco los ingredientes ya que si no se hace bien se corre el riesgo que el huevo se cueza y se vean pedazos de huevo cocido por toda la pasta, lo que en mi opinión no despierta mucho el apetito.
Pueden probar también a pasar todo en una sartén pero ahi deben poner incluso más atención ya que en lo personal la única vez que lo hice de carbonara no quedó ni rastro y en su lugar nos comimos una especie de frittata.

Agregar 3/3 del guanciale frito y mezclar. Servir con abundante pecorino rayado, pimienta recién triturada y espolvorear los trocitos de guanciale restantes.

Buon appetito!

Nota della cuoca: Obviamente con este post no pretendo ofender a nadie y lo he escrito con el mero fin de divertirme un poco. Estoy segura que cada quien cocina como mejor le parezca y que los gustos en cuanto a ciertos platos cambian de persona a persona. Así como tampoco pretendo ofender a nadie con mi anotación acerca de Jamie Oliver, sabemos todos que es un estupendo chef y que si tiene tanta fama es por algo.

Estambul

Estambul

Estambul con los cinco sentidos

Decir que Estambul es una de las ciudades más bellas del mundo es caer en clichés, es hacer honor a quien honor merece y sobre todo, es una frase que no les dice nada nuevo. Entonces, digamos que aunque no he descubierto los hoyos negros en el espacio, puedo decir que al menos he descubierto lo que es una ciudad con atmósfera. Con los cinco sentidos.

AYA SOFYA
Entrar en el museo Aya Sofya y dejar volar la imaginación. Escuchar el choque de las espadas entre miembros de las cruzadas y bizantinos que combaten cuerpo a cuerpo ante las puertas mientras cientos de cristianos se refugiaban con el alma en un hilo dentro de la iglesia.
Sentir el retumbe los cañones de los otomanos que conquistan la ciudad y ver días después al conquistador Mehemed II arrodillarse ante esta misma puerta, tomar un poco de tierra, ponersela sobre el turbante y hacer de esta bellísima iglesia una mezquita.
Abrir los ojos como platos ante la figura de Atatürk que entra despacio en este lugar y declararlo un museo para fortuna de todos nosotros.

TOPKAPI
Si de atmósfera se trata, visitar el palacio Topkapi es de cierto una experiencia de no perderse. ¿Cuántos sultanes malvados, locos y tristes vivieron ahí? ¿Cuántas intrigas y conspiraciones maduró Roxelana entre esas paredes?
Que de siglos de intrigas, excesos, guerras y locuras se vivieron día a día entre muros de bellísimas cerámicas y pasillos de piedra.

Dejemos de lado el tesoro. Yo prefiero dejar volar la imaginación y ver al sultán recién salido al trono y que camina por el pasillo de la Vía de Oro por primera vez en calidad de rey, arrojando monedas de oro a las concubinas mientras estas se disputan al menos una mirada, una señal, cualquier cosa que les asegure al menos un minuto de felicidad. Ah…el harén. Confinadas de por vida y aún así luchando día a día por sobrevivir. No me puedo imaginar un lugar más competitivo y cargado de envidias.

Ya de cuando íbamos de camino del aeropuerto al hotel mirando a travéz del cristal del taxi me dieron unas ganas inmensas de bajarme ahí mismo y tomar el ferry que me llevara a donde fuera, por favor, que solo quiero sentir la brisa fría del mar y ver de cerca a las gaviotas.
Hablando de, vale la pena comprarse un Simit (roscas de pan con semillas de sésamo que venden por las calles) y dárselo a las gaviotas, te seguirán por todo el trayecto y practicamente comerán de tu mano.

PUENTE GALATA Y ENTORNO
Ver un atardecer desde el puente de Gálata mientras se bebe una cerveza en uno de los varios restaurantes que existen bajo el puente y se come un Dolma (rollos de hoja de vid rellenos con arroz y especias bañado con salsa de limón) frío. Escuchar las conversaciones de los muchos pescadores que pululan el puente todos los días; comprarse un plato de alpiste y dárselo a los pichones en las afueras de la Mezquita Nueva. Pero sobre todo, una de las cosas que me quedaron gratamente impresas en la memoria fué el ver un domingo muy típico de la ciudad:

Cientos de personas en torno a tres cocinas flotantes que venden sandwiches de pescado a la parrilla (4 liras c/u) cocinados al punto. Degustando encurtidos preparados al momento en los puestos ambulantes y finalizando con rosquillas recién hechas, aún borboteando en el aceite caliente en el que fueron fritas. Hombres de negocios, padres de familia, jóvenes y ancianos, mujeres y niños compartiendo algo tan viejo como la humanidad: Una comida.

GRAN BAZAR
Cerámicas, lámparas, joyería, tapetes, disfrazes y un largo etc, etc. ¿No hablás inglés? no importa, hasta el idioma más impensable es hablado en esta torre de Babel que es el Gran Bazar. ¿No me creen? encontré dos chicos que hablaban perfecto español mexicano, con modismos y todo.
Si te gusta el regateo, considera un único y solo consejo: Diviértete.
Los comerciantes turcos adoran el juego del regateo y por cuanto te pueda parecer a veces un poco tonto, es algo de tomar en serio y de respetar cuando de comprar se trata. Claro, puedes siempre preguntar el precio, aceptarlo, pagar e irte tranquilamente con tu producto, pero entonces ¿Dónde está la diversión?. Tómate tu tiempo, se cortés y sobre todo, ten en cuenta de que si haces una oferta es de muy mala educación el retirarla si el comerciante la acepta. Yo daría un brazo con tal de ver a mi suegra regateandoen el Gran Bazar.

BAZAR DE ESPECIAS
Yerbabuena, canela, azafrán y un largo etc. aunado al infaltable olor del Kebap y del tabaco que sale del Narghilé te acompañan mientras te encuentras cara a cara con los mejores chefs de la ciudad que se abastecen en este mercado. No digo más. Las fotos hablan por si solas y mi paladar añora el dulce sabor de los Lokum (delicias turcas).



DE COSTUMBRES Y GASTRONOMIA
Si hay algo que los turcos saben hacer es relajarse. Fuera iPod, laptops y celulares. Es momento del Keyif.  Observa las personas sentadas en las bancas del parque, afuera de cualquier negocio o en el portal de casa: Están todas gozando el sol, disfrutando de los últimos minutos de luz mientras ven el pasar de turistas que caminan a tropezones, empujan, corren.

Sentémonos en los cojines a ras del suelo en un Jardín de té y pidamos uno turco o a la manzana. Continuemos con el aprendizaje del Keyif y ordenemos un Narghilé (pipa de agua), aún cuando no fumen vale la pena el probarlo al menos una vez, sentir la voluptuosidad del tabaco perfumado a la manzana que impregna la boca. Terminemos el momento con una partida de Backgammon y encaminemos nuestros pasos a un Hamam(baño turco) donde nos dejaremos consentir por algunas horas con masajes y disfrutaremos del vapor tanto tiempo cuanto queramos.

Patlican kebap (kebap con berenjenas), Manti (especie de fagottini-ravioli, en una salsa de yogurth), Cacik (sopa fría de yogurth con pepinos), Börek (rollos de pasta filo rellenos de queso -entre otros-), köfte (albóndigas de carne), Iskender kebap (kebap en salsa de tomate acompañado de yogurt), İmam bayıldı (berenjenas rellenas con tomate picado, cebolla y ajos) y tantos, tantos platos por probar aún de la cocina turca.

¿Postres? Si, por favor. De preferencia no del restaurant donde se come, en lugar de eso y para ayudar un poco a la digestión nos movemos algunos pasos y encontramos en cada esquina -y no- pastelerías donde venden toda clase de Baklavas y otras delicias. Casi todos estos negocios tienen ahi mismo un pequeño local (muchas veces arriba del mismo) donde pudes sentarte y disfrutar ya mismo tus dulces con una taza de té.

Pan toscano { Cappuccino Factory }

Pan toscano { Cappuccino Factory }

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La simplicidad de las cosas. Un desayuno a veces significa solo eso: La primera comida del día. Otras veces es algo más: Es compartir y disfrutar.

Este año Cappuccino Factory ha empezado con el pié derecho y he tenido un montón de proyectos que me han alegrado los días (y me los han llenado de trabajo). Lo que empezó como algo tibio, tímido y temblenque se ha transformado en algo que me ha dado mucha satisfacción. ¡Y diversión!.

Me ha ayudado a conocer personas más directamente, a tener contacto con ellas y conocerlas un poco, sus gustos, sus sueños y sus satisfacciones. Ha sido como el empezar a ir a una escuela nueva donde llegas con timidez y hasta el presentarte te hace sentir mariposas en el estómago y las piernas de trapo.
Pero luego descubres que no hay nada que temer y que en realidad los demás también tienen ganas de conocerte. De aceptarte. De participar en algo de divertido.

Cada vez que envío el enlace del boceto a alguien me tiemblan las manos: ¿Le gustará? ¿No le gustará? ¿Lo cambiará todo?. Luego me doy cuenta de que la otra parte lo único que quiere es que alguien entienda sus gustos y eso a veces no es fácil.

Nunca dije que lo fuera. Es más, puede ser todo un reto algunas veces.  Quiero un color romántico -te pide tu cliente-. Y tú ya te ves exprimiéndote el seso para entender que diablos quiere decir “romántico” en el contexto de esa persona. Pones corazoncitos porque a ti lo único que te parece romántico es eso y resulta que a lo que se refería tu cliente es simplemente a un color tenue.

¿Frustrante? Si. Sobre todo porque lo único que quieres es acontentar a esa persona y el no poder hacerlo hace que te jales los pelos hasta quedar calva. ¿Aburrido? Nunca. En este trabajo lo último que puede pasar es que te aburras.
¿Satisfactorio? A rabiar. El saber que tus clientes a veces regresan por más es prueba absoluta de que les ha gustado trabajar contigo -por cuanto puedas parecer neurótica-

Mi marido cumple años el próximo jueves y hemos decidido irnos a Istanbul a relajarnos mientras caminamos por el gran bazar, ver la danza del vientre y comer el mejor kebab del mundo.
A causa de esto tuve que sacar adelante algunos proyectos viejos (y nuevos) todo el fin de semana pasado.
Ayer por la noche mientras Max se veía un partido de fútbol por Streaming a eso de las 10:00pm, yo al lado tecleaba mi computadora y daba los toques finales a dos instalaciones contemporáneamente.

Hoy por la mañana hubiera querido levantarme más temprano, hacer un abundante desayuno por una vez en la vida y llevárselo a mi marido a la cama, quien está de vacaciones oficialmente desde ayer. En vez de eso, vine a revisar mi email y ahora mismo me dispongo a regresar a la cama con solo una bandeja de café, pan toscano tostado y mermelada de naranja (su favorita).

Pretendo (y espero) pasar el resto del día ahi. Mirando viejos capítulos de Dharma y Greg, ordenando una pizza y… lo demás se los dejo a la imaginación.

PAN TOSCANO:

  • 500g de harina 0 (de fuerza)
  • 6g de levadura fresca
  • 200ml de agua

Para la biga:

  • 350g de harina 00
  • 5g de levadura fresca
  • 200ml de agua tibia

Hacer primero la biga:
Mezclar la levadura en un poco de agua, poner la harina en volcán sobre la mesa de trabajo y amasar todos los ingredientes velozmente. Dejar reposar en un contenedor grande y tapado en un lugar tibio por 24hrs.

Al día siguiente poner los 500g de harina cernida en la mesa de trabajo, agregar la biga y los 200ml de agua donde habrán mezclado la levadura y trabajar la masa por poco tiempo,el necesario para que se unan los ingredientes. Dejar reposar la masa en la misma mesa cubierta de un telo de cocina limpio, por unos 40-60min.

Cortar la masa en dos o tres partes y hacer los panes dándoles la forma alargada y deseada con las manos. Ponerlos en una charola para horno enharinada, espolvorearlos con un poco de harina y dejar reposar por alrededor de 1h o hasta que doblen el tamaño.

Calentar el horno a 220° y hornear los panes por 15min (yo lo hago uno a la vez). Reducir a 180° y hornear por 30min. Quitar los panes de la charola y ponerlos en la parrila. Hornear por otros 15min a manera que pierdan la humedad.