Monthly Archives: December 2010

Comida de Navidad, Santo Stefano y una pequeña sorpresa de parte de Vogue G. España.

Comida de Navidad, Santo Stefano y una pequeña sorpresa de parte de Vogue G. España.

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En mi familia italiana es tradición festejar la Navidad con una comida el 25. La vigilia generalmente se cena poco, si bien es tradición la pasta con atún, y la infaltable ensalada de naranja con olivas negras, al final se pasa solo con la familia cercana. Se cena, se está un poco juntos, se va a misa de medianoche y luego se va uno a dormir.

Es al día siguiente cuando la verdadera festividad comienza. Empezando con el desayuno donde el Panettone y el Pandoro son los protagonistas. Max y yo nos despertamos temprano. Culpa mía, lo confieso; tuve un sueño rarísimo y apenas me desperté quise contárselo a Max:

-¿Estás despierto?
-numph…hum
-OOOOk. Este, ¿te puedo contar el sueño que tuve o me espero más tarde que te despiertes?
-No, está bien, cuentámelo.

Y ahi parto yo, a hablar sin parar durante varios minutos mientras mi marido se despabila el sueño y me escucha atentamente. Luego se levanta y prepara el desayuno. Comemos en la cama, claro, mientras vemos un capítulo de Friends y luego uno de Gilmore Girls. De ahí nos pasamos a ver uno de Los Simpson para finalizar con un programa italiano de videos divertidos.

Luego nos levantamos. Arreglamos los últimos detalles en casa y entonces nos duchamos. Ya vestidos y con la casa lista desde ayer para recibir nuestros invitados, ponemos un poco de música y la escuchamos sentados al sillón, mientras vemos el árbol de navidad con sus luces brillantes. Minutos después empieza una canción muy linda y Max me toma la mano. Bailamos muy juntos. Un minuto después el timbre del portón suena rompiendo el encanto. Son exactamente las doce y media del giorno di natale.

Corremos a abrir y damos la bienvenida a nuestros primeros invitados. De ahi todo es una locura de, pláticas, risas, gestos con las manos, prosecco para el antipasto, idas a la cocina a controlar el horno, etc. Se come. Con una pausa de media hora porque era MUCHA comida y la verdad se requería un poco de pausa para digerir.
Nuestro menú incluyó: Galletitas saladas con crema al ajo y tomillo, fruta seca salada mixta como entrada. Como primero hicimos Tortellini hechos en casa con caldo (una tradición MUY navideña de estas partes), tortas rústicas de: espinacas, patatas y cebollas; jamón, tomate, orégano y mozzarella; calabacitas, gouda y mortadella; cebollas rojas y pancetta; pasticcio. Aqui fué donde tuvimos que hacer pausa.
De segundo nos gustamos cordero al horno con uva y naranja (mi cuñada lo preparó, ríquisimo) con contorno de puré de patatas y guisantes con jamón. Para finalizar no podía faltar la fruta seca de estación: Higos, nueces, dátiles, cacahuates, y el infaltable cheesecake de higos que mi cuñada no me perdona cada Navidad. Café, limoncello y té al chocolate para digerir un poco.

¡Luego los regalos! El espumante para brindar y una buena horita de juegos de mesa para reirnos un buen. Invitados y familia se fueron a eso de las siete y nosotros ni tardos ni perezosos nos pusimos la pijama y nos fuimos a la cama a ver mi nuevo flamante DvD regalo de mi muy comprensivo marido: Eclipse. Pero naturalmente ni siquiera lo terminé de ver pues a mitad del film yo ya estaba en fase tres de sueño.

Está mañana me desperté muy temprano, claro, y viendo que mi marido duerme profundamente me vine a dar una surfeada al PC. Leí los últimos dos comentarios del post anterior y una ancha sonrisa se me dibujó en el rostro. Como prometido, Vogue Gourmet España me publicó dos fotografías en su número de Enero (?). La verdad es que fui muy tonta al no pedirle a la redactora que se comunicó conmigo de mandarme una copia (yo y mis verguenzas estúpidas). Ahora no sé como hacer para obtener una, pero creo ya me inventaré algo.

Como sea, estoy muy contenta y desde aquí agradezco profundamente a Noela Fernández por su amabilidad, paciencia y comprensión hacia mi persona. Fué todo un lío porque cuando me contactaron eran unos días bastantes nublados por aqui y el hacer las fotos fué bastante complicado.

Hoy es dia de Santo Stefano aqui y es tradición comer en compañía de la familia los avances de la comida de navidad (¡que son muchos!). Desde aqui les mando un fuerte abrazo a tod@s y deseando que hayan pasado una fiesta de lo más feliz y tranquila, recordando, brindando, riendo, y sobre todo: compartiendo. ¿Y ustedes? ¿Qué comieron en la vigilia y/o el día de Navidad?

Tartaletas de frutas con coco y piñones. (las dos primeras fotos son las publicadas en la revista, les dejo la receta tal y cual la mandé a la redactora).
Para 12 tartaletas

  • 400g de pasta hojaldre
  • 500g de fruta (manzanas, peras) troceada y sin piel.
  • 100g de azúcar
  • 60g de piñones
  • 40g de coco rayado
  • rayadura de limón
  • Harina y mantequilla para los moldes
  • 1 yema de huevo
  • 1 cda de agua

En un recipiente poner a marinar por dos horas la fruta con el azúcar, los piñones, el coco y la rayadura de un limón. Engrasar y enharinar 12 moldes para tartaletas.
Estirar la pasta de hojaldre y cortar 12 círculos de 14cm de díametro. Con los sobrantes (usando un cortador de galletas) cortar el resto del hojaldre en forma de corazones.
Forrar los moldes usando un círculo de pasta hojaldre para cada uno. Rellenar con el preparado de fruta y cubrir con las piezas pequeñas de hojaldre. Diluir la yema de huevo con una cucharada de agua y barnizar las tartaletas. Refrigerar por 1h.
Precalentar el horno a 180° y hornear las tartaletas por alrededor de 25-30min o hasta que la superficie esté dorada.

Buon appetito!

De fortunas en la vida: Algo para endulzarnos la vida.

De fortunas en la vida: Algo para endulzarnos la vida.

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Hoy mientras miraba caer la nieve (cosa inusual en Roma) por mi ventana me dí cuenta de cuanto somos afortunados. Si bien es cierto que la vida nos ha dado unas sacudidas tremendas, sobre todo con la pérdida de personas muy queridas en nuestra familia, la verdad es que en muchos otros aspectos tenemos suerte.

Suerte de contar con salud, de tener personas que nos aman cerca, de tener amigos que no importa cuanto dejemos de vernos están siempre ahi, en espera de una llamada, de un correo.

No, no es que las fechas me ponen nostálgica o eso. Es simplemente que por cuanto dura e injusta me pueda parecer la vida a veces, por cada lágrima que he derramado, siempre he tenido a alguien cerca para enjugarla.

Soy una persona que a decir verdad deja mucho que desear como amiga. No llamo, no soy constante, me pierdo por meses y a veces hasta por años. Pero eso no quiere decir que no piense en los demás. Si de decir un pretexto de trata… bueno, soy muy despistada y el 80% del tiempo vivo en la luna, soñando despierta, en otra dimensión si quieren.
Pero pienso siempre en todos y sobre todo, no me olvido de nadie.

Me gusta consentir a los míos, no solo en estas fechas, siempre. Solo que la navidad es un buen pretexto para caer en casa de alguien, un familiar, un amigo y llevarles algo que les diga: Hey, mira, aunque no venga a visitarte seguido y aunque a veces parezca que me alejo, estoy siempre aqui y pienso en ti. Ellos siempre lo agradecen y verles la sonrisa iluminada y sentir el abrazo sincero es por mucho la mejor recompensa que alguien pueda haber.

He estado horneando toda la semana pasada y parte de esta. Galletas, muffins. He llenado cajas y mandado por correo, hemos llevado personalmente paquetes a familiares y amigos. Hemos compartido un poco de lo mucho que nos ha dado la vida y por el camino, nos hemos divertido un montón.

Creando nuestras tradiciones: Poner el árbol de navidad en una tarde entre familia, amigos y chocolate caliente con crema montada.

Creando nuestras tradiciones: Poner el árbol de navidad en una tarde entre familia, amigos y chocolate caliente con crema montada.

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Cuando era pequeña el montar el árbol de navidad era toda una tradición en familia. Siempre tuvimos un árbol enorme de plástico que era la envidia del barrio donde vivíamos, parecía real por cuanto follaje tenía y era alto casi tres metros…o al menos así lo veía yo desde mi perspectiva de niña.

El día primero de diciembre me despertaba y caminaba hacia la escuela sintiendo la brisa fresca de la mañana en mi cara, sonriendo y pensando en la diversión que me esperaba al regresar a casa. Poner el árbol de navidad.
A eso de las cinco, cuando estábamos todos en casa, comenzaba el ritual. Así, mi abuelo montaba el árbol y acomodaba las ramas una por una, con paciencia; para luego probar las luces y cambiar los bulbos rotos por unos nuevos. Entonces mi madre sacaba una caja con algunas esferas. Ah, las esferas. Esas costosísimas pelotitas de cristal fino que cuando se rompe una es toda una tragedia porque sabes que por cuanto busques no podrás más substituirla con otra exactamente igual.
Yo sacaba una, con cuidado, como si fuera un animalito pequeño que se debe tratar con atención y la colgaba en el árbol. Luego los adornos.

No sé de donde mis abuelos habían coleccionado todas esas esferas y adornos, quizás eran cosas tan viejas que ya ni siquiera se acordaban como las habían obtenido. Había de todo: santas, bastoncitos, estrellas, etc. Hechos de cartón, fieltro, tela, madera. Mi favorito era un reno saltando, es increíble como aún lo tengo en mi mente que puedo casi verlo en mi mano: pequeñito, de terciopelo color marrón con un listón rojo en el cuello, me encantaba.

El tiempo pasaba volando y me sentía como en una nube de algodón. Toda mi familia alrededor del árbol y mi abuela en cocina preparando chocolate caliente y conchas para merendar. Cuando terminábamos volteábamos hacia la ventana solo para ver un montón de caritas sonrientes de los niños que se habían arremolinado a vernos poner el árbol. Era mágico. La navidad era mágica. No sé describir con exactitud mis emociones de ese tiempo, pero si puedo sentirlas aún hoy en día.

Cuando crecí y me transferí a otra ciudad, mi familia me esperaba siempre para poner el árbol de navidad. Mi hermana pequeña preguntaba: ¿Cuando pondremos el árbol? y mi abuelo respondía siempre: Cuando llegue tu hermana. Así, en lugar de ponerlo el primero como había sido siempre la tradición, esperaban algunas veces hasta el 20-23 que era cuando salía de vacaciones y podía regresar a casa.

Con el paso de los años las esferas se rompieron, los adornos se perdieron, las luces dejaron de funcionar y mis abuelos nos dejaron con un vacío en el corazón. A veces siento que ese árbol representaba mi familia al completo, cuando aún vivía mi madre y mis hermanos y yo no estábamos tan distanciados el uno del otro, tanto física como emotivamente.

Pero he aprendido a adaptarme, he construido una familia por mi cuenta, amigos y personas a las que tengo mucho cariño.
La navidad pasada fué muy dura para nosotros, no solo por la muerte del padre de Max sino también porque pasamos una prueba muy dura en nuestro matrimonio. Y creo que lo logramos, porque estamos todavía al pie del cañón. Aprendiendo, perdonando, amando. Esta navidad quisiera que todo fuera diferente. Empezando por la puesta del árbol.

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Le había prometido a Giuseppe que lo invitaría a poner el árbol de navidad de mi casa. Y así fué. Llegaron a eso de las 5 y se pusieron él y Max a montar el árbol, rama por rama, mientras mi amiga y yo sacábamos los adornos de las cajas.
No podíamos terminar sin una clásica cioccolata calda con la panna. Tan italiana y sin embargo despertando tantas memorias en mi mente.

Ver la carita de Giuseppe con una enorme sonrisa y los ojos llenos de expectativas me hizo sentir niña otra vez y -perdonen la cursilería- me hizo sentir rodeada de los espiritus de mis seres queridos. Solo por un instante, la prescencia de mis abuelos, mi madre, mi suegro y mi cuñada, invadieron la estancia, haciéndome sentir niña y feliz.

La tarde se cerró con la llegada de mi cuñada y el esposo de mi amiga que habíamos invitado a cenar. Patatas al horno con pancetta, muffins salados con ricotta y speck, vino y torta complementaron la noche. Max y yo nos estamos apenas inventando nuestras propias tradiciones de familia.

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