Monthly Archives: June 2010

Pasta fresca al huevo: Un amor como el nuestro

Pasta fresca al huevo: Un amor como el nuestro

Hablar del amor que sentía mi suegro por mi suegra no es fácil. Porque hoy en día un amor así es bastante raro. Como un animal en extinción.
La mayoría de las veces la gente que no nos conoce cree que me estoy inventando una historia o que exagero al hablar del amor que existía entre mis suegros.

Mi suegro conoció a la madre de Max cuando eran muy jóvenes. Él trabajaba manejando un autobús urbano y mi suegra era una chica de casa normal, que había estudiado para maestra y cuidaba de sus padres como era común en esos tiempos.
Tan solo después de tres meses de conocerse decidieron casarse. Cosa bastante inusual en esos tiempos donde los noviazgos duraban una eternidad y para casarse había que contar con la aprobación de la familia de ambos.

Cuando conocí a los padres de Max creí que había caído en una de esas familias que solo se ven en las series americanas, donde todo es sonrisas y cuando existe un desacuerdo se arregla normalmente con una disculpa y un abrazo.
Provengo de un país donde el machismo y los malos hábitos de los maridos están a la orden del día, así que el hacer parte de esta familia fué (y es) para mi toda una experiencia maravillosa.

Hace unos días leía en el blog de una amiga como se sentía triste porque su marido había dejado de tener detalles para ella, pero lo que más me sorprendió y me dejo sin palabras fué que en los comentarios algunas de sus amigas dijeron cosas como: No me sorprende, mi marido es igual. Acostúmbrate porque todos son así. Todos los hombres hacen lo mismo una vez casados. Etc, etc.
¡No!, absolutamente no. No todos son así y no creo que mi amiga tenga que resignarse solo porque la mayoría piensa que los hombres no tienen remedio. No me extraña porque algunas personas piensan que el matrimonio es la tumba del amor.

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Regresando a mis suegros. El padre de Max siempre fué detallista con mi suegra. Le llevaba el desayuno todos los días a la cama (como hace Max conmigo), la tomaba de la mano siempre que paseaban por la calle y durante casi diez años la llevó a bailar todos los sábados, a pesar de que para él no era tan divertido, sabía que a ella le encantaba bailar y solo eso le bastaba.
Algunas veces mi suegra no podía dormir, por lo que él le daba masajitos en la espalda hasta que ella caía rendida. Max me canta o me cuenta historias, aún cuando tenga que levantarse temprano al día siguiente para ir a trabajar.

La llamaba Lina o Lela (mi suegra se llama Maria Luisa), jamás lo escuché llamarla por su nombre. Max me llama amore y en una ocasión que me llamó por mi nombre quedé en tal estado catatónico que creo lo asusté mucho porque no lo ha vuelto a hacer.

En las buenas y en las malas, hasta que la muerte los separe. Y así fué. No es todavía un año que mi suegro nos dejó, pero a pesar de todo el dolor y todas las lágrimas que eso nos causó. Soy feliz de haberlo conocido porque no solo me trató siempre como una hija más, sino que me enseñó que el verdadero amor existe y que está al alcance de todos.

Esta entrada va por ti babbo, porque sé que te bastaba un plato de espagetis al aio-oio-e peperoncino al día para hacerte feliz.

Hace unos días que paseábamos por el mercado, pasamos por uno de los negocios que vende pasta fresca y Max vió algo que le recordó a su niñez. Los cuadritos de pasta.
Mi suegra se los preparaba a sus hijos solamente con caldo y algunas veces le ponía también algunos guisantes. Fué como una revelación.
Decidí pues, de darle una sorpresa a mi marido preparándole los cuadritos de pasta con guisantes y de subir una entrada sobre como preparar y cortar algunos tipos de pasta fresca. Cuando me vió que estaba cortando la pasta a cuadritos pequeñitos, se le iluminó la cara y solo dijo: ¡Cuadritos de pasta en caldo!. Que fácil es hacer feliz a los hombres de esta familia.

Esta entrada está hecha solo en base a la pasta fresca al huevo. Después escribiré otra para la pasta al tomate, a las hierbas, a las espinacas, etc. Pero esta es solo pasta al huevo.

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Pasta fresca al huevo:

400g de harina (pueden usar 50% grano duro y 50% grano tierno)
4 huevos

Poner la harina en forma de volcán sobre la encimera donde se amasará la pasta. Poner directamente los huevos dentro del huequito del volcán (1) y revolverlos con la ayuda de un tenedor. Comenzar el amasado suavemente hacia en interno. Continuar el amasado alrededor de 10 minutos, si es necesario agregar cucharaditas de agua tibia hasta que tengamos una masa compacta y lisa.
Hacer una bola, envolver en una película de plástico y poner a reposar la masa en un lugar seco y fresco.
Ahora será el momento de extender la pasta.
Primero aplanaremos la masa un poco con la ayuda de los dedos, haciendo una ligera presión, luego usaremos el rodillo para empezar a trabajarla (2).
Para extenderla la mejor forma es hacer presión en la parte baja de la pasta con una mano y con la otra correr el rodillo hacia afuera, teniendo en cuenta que cuando se presiona hacia afuera se debe hacer una fuerte presión, mientras cuando el rollido regresa hacia dentro se debe disminuir de presión (3).
Seguimos extendiendo hasta que logremos una lámina de más o menos de uno a medio milimetro de espesor. Suena díficil, pero es posible (4 y 5).

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CORTE
Ahora pasaremos a la parte más divertida. El corte. Aqui depende que tipo de pasta quieren hacer, si  pasta corta o larga, rellena, etc.
Comenzamos con uno de los más comunes: Pasta en formato largo.
Enharinamos muy bien por ambas partes nuestra lámina de pasta. La doblamos en dos (1) y luego repetimos la operación hasta obtener un rectángulo angosto (2). Cortamos en forma vertical. 2-3mm para los tagliolini, 5-6mm para las tagliatelle y 1.5-2cm para las pappardelle.
Esta es una manera muy fácil y práctica de cortar la pasta porque nos permite de desenrollarla de una manera veloz, como se muestra en las fotos, metiendo un cuchillo o el mango de una cuchara por debajo y a la mitad de nuestra lámina de pasta y enseguida tirar hacia arriba, logrando que la pasta se desenrolle practicamente sola (3 y 4).

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A continuación les pongo una serie de fotos sobre diferentes maneras de cortar la pasta. Recuerden que existen muchas más y que si queremos verlas todas (o casi todas) basta que vayamos a la página que wikipedia tiene dedicada a los diversos formatos de pasta fresca.

Farfalle, farfalline (mariposas):
Cortar un rectángulo de 4.5cm x 2.5cm. Cortando la parte más angosta con un cortador dentado. Presionar con los dedos un poco húmedos en la parte central. Si hacemos las farfalline para los más chiquitos (¡a los niños les encantan!) basta que cortemos los rectángulos en un formato más pequeño.
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Ravioli:
Ponemos extendida nuestra lámina de pasta y agregamos nuestro relleno como se indica en la foto. Doblamos para cubrir el relleno y luego cortamos en el formato que preferimos, lineal, dentado, circular, cuadrado, etc
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Tortellini:
Cortar un cuadro de 4×4. Poner el relleno en medio (1). Cerrar por mitad (2). Presionar un poco con los dedos en cada esquina (3). Enrollar en el dedo índice dándole la forma de anillo (4 y 5).
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Trofie:
Este tipo de pasta es típica de usar con el pesto genovés y es de lo más sencilla de hacer. Primero hacemos una bolita del tamaño de un guisante (1). Luego frotamos como si nos estuviéramos lavando las manos (2). De ahi el nombre de esta pasta que deriva del genovés: strufuggiâ - strofinare = frotar.
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Si se preguntan: Y ¿Qué hago con los sobrantes? ¡Los maltagliati! (malcortados), son buenísimos con frijoles y un chorrito de aceite de oliva o con un jugo de tomate y albahaca. La opción está a ustedes.
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Consejos~

Preparación:

  • La consistencia de la pasta después de cocida dependerá del tipo de harina que usen. Una dosis completa de harina de grano duro hará que la pasta sea un poco más “rasposa” y al dente, mientras que si usan harina de grano tierno en su totalidad obtendrán una pasta un poco más suave. Prueben diferentes tipos de harina y combinaciones (50%-50%, 40-50, 30-70, etc) y usen aquella que sea mejor para sus gustos.
  • Es mejor si usamos un banco de trabajo (encimera) con la superficie de madera y si es uno bastante usado, mejor, ya que son los poros de este los que le darán una ‘rasposidad’ más marcada a la pasta.
  • Por la misma razón, es preferible usar un rodillo de madera.
  • Es necesario usar harina en el momento de estirar y cortar la pasta, para evitar que se pegue entre sí.

Conservación:

  • Para conservar la pasta que ha sido cortada en un formato largo (tagliatelle, spaghetti, etc), lo mejor es espolvorearla muy bien de harina, ponerla en un contenedor de plástico con tapa y meterla al frigo. Esto evitara que se pegue entre si y se rompa. Dentro al frigo podemos dejarla de dos a tres días.
  • Si desean conservarla por más de tres días lo mejor es ponerla a secar en un lugar fresco y seco ya que el si la dejan en frigo por más tiempo pueden correr el riesgo de que se formen hongos.
  • Si queremos conservar pasta rellena o corta (tortellini, ravioli) podemos congelarla directamente en bolsas después de preparada. Si por el contrario deseamos congelar pasta larga, podemos hacer nidos y secarla un poco antes de ponerla en el congelador (1 y 2).

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Cocción:

  • Por mucho que nos atraiga la idea de agregarle ingredientes al agua cuando cocemos nuestra pasta, creánme, el sabor y consistencia pierde un poco cuando nos ponemos gourmet y agregamos ingredientes como: aceite, laurel, ajo, romero, etc, etc, etc. Agua y sal son los únicos ingredientes que usan en Italia a la hora de cocer la pasta. Ya se encargará la salsa de darle un sabor delicioso.
  • Es mejor dejar en reposo la pasta dos o tres horas antes de cocerla, para evitar que se deshaga apenas toque el agua hirviendo.
  • Usen una olla grande y con suficiente agua para cubrir bien la pasta. 1lt de agua por cada 100gr de pasta sería lo ideal.
  • Para acelerar el momento de ebullición del agua lo mejor es tapar la olla y no agregar la sal al inicio.
  • El agua debe hervir antes de echarle la pasta, si lo hacen antes corren el riesgo que la pasta se cocine demasiado y se desbarate, además de que resulte no grata a la vista, por no decir al sabor.
  • Apenas el agua comience a hervir, echen la pasta y agregen la sal. No tapen de nuevo la olla ya que pueden provocar la salida del agua o la extra-cocción de la pasta.
  • Eviten de girar la pasta con movimientos bruscos para no romperla. Es suficiente con hacerlo solo de vez en cuando para evitar que se pegue pero siempre con movimientos suaves.
  • Al contrario de la pasta de paquete (pasta seca), la pasta fresca para lasaña no debe pasarse por agua caliente como preparación, va directamente cruda ya que tiene un tiempo de cocción bastante veloz.
  • El tiempo de cocción depende de gustos, yo soy una amante de la pasta al dente por lo que normalmente la dejo de 3-4 min, es decir, suave por fuera y firme dentro.
  • Si deseamos parar la cocción de una manera rápida (cuando por alguna razón se nos pasa el tiempo de cocción), basta que agregemos una taza de agua fría apenas quitamos nuestra pasta del fuego.
  • Pueden cocer la pasta directamente en el jugo si este es bastante caldoso.

Buon appetito a tutti!

Helado de yogurt, miel y piñones en un día triste para la Italia

Helado de yogurt, miel y piñones en un día triste para la Italia

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A mi me gusta el fútbol. No, no es porque estamos en pleno mundial y la fiebre futbolera hace presa de mi en estos días. A mi realmente me gusta ver los partidos. De preferencia cuando no juega mi equipo favorito. Aaaaah, eso no se lo esperaban ¿Verdad?.
Cuando llegué a Italia, me dí cuenta de que Max era realmente un aficionado al fútbol y que tenía incluso su tarjetita para verse todos los partido de su equipo en casa (es decir, en el estadio olímpico de Roma). Una de las primeras cosas que hicimos juntos fué ir a ver un partido Lazio-Inter. Me compró mi bufanda y mi boleto y partimos a ver un maravilloso partido que terminó 3-3. Inolvidable.

En México nunca fui a un estadio, ni siquiera al Estadio Azteca, los partidos los veía en la televisión junto con mi hermano y mi papá, pero era una constante pelea porque los dos se sentían entrenadores de las grandes ligas y sus comentarios pasaban del sarcasmo a la euforia y la rabia en cuestión de segundos. Era como tener a Enrique Bermúdez y Héctor del Mar en la misma habitación.

Max me compró mi tarjeta al siguiente año y nos vimos todos los partidos en el estadio. Ma aprendí las canciones de memoria y gritaba de alegría cuando metían gol. También soltaba palabrotas cuando nos tocaba a nosotros pillarlos.
Ese año la Lazio ganó su cuarta Coppa Italia y yo me vestí de lazial de la cabeza a los piés y salí con mi marido a festejar en Piazza del Popolo.

La cosa se empezó a degenerar cuando cada vez que ibámos a ver un partido yo salía del estadio con el estómago revuelto y con los dedos de las manos casi sangrando. Y es que yo no soy como la mayoría de las personas que se sientan a ver un partido de su equipo favorito y se comen unas botanitas (tapas) y toman cerveza. Yo no puedo tragar nada, tal vez, salvo, mis uñas.
Cada vez que juega un equipo al cual soy aficionada, se me hace un nudo en el estómago y comienzo a morderme las uñas. Morderse las uñas es un hábito que jamás he tenido y que en lo personal siempre he pensado que las personas que lo sufren es porque pasan mucho estrés en sus vidas. Pero cuando de fútbol se trata, yo adquiero ese hábito tan feo.

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Cuando México jugó hace unos días contra Francia, me pasé el primer tiempo mordiéndome las uñas de la mano derecha. Luego del primer gol me pasé a las de la izquierda. Cuando dieron el penal me fui corriendo a la cocina gritando como enajenada: ¡No lo quiero ver! ¡No lo quiero ver!. Luego me regresé corriendo a ver la televisión justo para darme cuenta de que iba a ser C. Blanco a tirarlo…Corrí de nuevo a la cocina gritando: ¡Nooooooooo!. Pienso que mi vecino cree que soy una especie de india nativa de sabe Dios que país incivilizado que festeja el fútbol de una manera muy común en su tribu pero no adapta para el primer mundo.

Ayer llegó Max corriendo a ver el partido de Italia contra…¿Quién? Ya se me olvidó. Ah si. Contra la Eslovaquia. Durante todo el partido me mordí las uñas. Al segundo gol me levanté y me vine a la computadora, no porque soy la típica que abandona su equipo apenas este está perdiendo, no. Sino porque si me quedaba más tiempo ahí seguramente iba a acabar con colitis nerviosa y a no dormir en toda la noche.
Me perdí el primer gol y el segundo. En general, me perdí la parte más divertida del partido.

Los campeones del mundo han sido eliminados y mis esperanzas de revivir la alegría del 2006 se han ido casi por el desagüe. Digo casi porque hasta que el árbitro no chifle que el partido se acabó, México tiene una esperanza de pasar a cuartos de final. Ya, ya. Lo sé que Argentina trae un equipo mucho más fuerte y que los pronósticos están en contra de México…pero, yo es que aún tengo uñas para morder, no me voy a dar por vencida antes de intentar ¿Verdad?.

En lo que respecta a mi pasión por el fútbol. I’m done. Finito. Se acabó. Después de este mundial no veo más fútbol porque aparte de que desde hace dos años no voy al estadio, las uñas de las manos son solo diez y yo la verdad no tengo tanta elasticidad para alcanzarme la de los piés.

Pero en lo que se acaba el mundial y aunque Italia haya sido eliminada (y muy probablemente México lo será también) he preparado un helado de yogurt, miel y piñones. Digo, que al final de cuentas, todos necesitamos de un poco de dulzura cuando estamos tristes ¿Que no?.

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500g de yogurt natural greco
50ml de leche entera
1/2 taza de miel de abeja
75g de piñones limpios y enteros

En un contenedor de metal mezclar el yogurt, la leche y la miel. Poner en el freezer durante dos horas. Sacar y pasar por el mixer o usar el minipimer directamente en el contenedor. Poner en el freezer nuevamente y repetir la operación cada dos horas al menos 3 veces más. Dejarlo en el freezer durante toda la noche.
1h antes de servir batirlo de nuevo y agregar al final los piñones. Dejarlo reposar en el frigo hasta el momento de servirlo.

Tiramisù: ¿Nos comemos uno normalito?

Tiramisù: ¿Nos comemos uno normalito?

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Me gusta experimentar en la cocina, de eso no les quede ninguna duda. Nunca he sido una que se detiene a la hora de preparar un platillo -sea dulce o salado- y verificar los ingredientes para usar solo y exclusivamente aquellos que dice la receta.

¿Y si un día te pasa de que son las siete de la tarde y ese souflé que pensabas preparar casi al momento que llegaran tus invitados (por aquello de que no se desinfle) pide estrictamente 8 huevos? Y tu abres tu frigo solo para recordar que esa mañana a tu marido se le ocurrió sorprenderte con un omelette y usó dos de los dichoso huevos?.

O peor aún, que con las prisas sacas la caja de huevos del frigo y en ese momento a tu gato se le ocurre refregarse entre tus piernas haciéndote perder el equilibrio…y ¡zaz! allá vas a dar al suelo como vaca vieja con todo y huevos. El perder un huevo puede ser una verdadera tragedia, créanme.

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¿Entonces que haces? 1)Te enojas con tu marido por usar tus huevos sin tu permiso. 2)Dejas sin comer al gato a ver si se le quita la costumbre de ser tan empalagoso. 3) Experimentas y usas solo 6 de los ocho huevos que pide la receta. Creo que la respuesta todos la sabemos.

Si buscamos en internet por una receta de algo simple, ya saben, una sopa de fideos, una ensalada César; encontraremos tantas de estas que cuando nos dirigimos a la cocina no sabemos si los fideos eran cortos o largos o si había que ponerle trocitos de pan mientras se cocinaba o después (ah no, que eso era para la ensalada).

Me pasa lo mismo con el tiramisù. De todas las recetas que he visto y me faltan por ver. Me sigo quedando con la clásica, como me lo enseñó mi suegra. Que dicho sea de paso, con tres hijos, un marido, una madre y un negocio de familia que atender, siempre andaba con prisas por lo que ella no montaba las claras, batía todo junto, venga. Y que así se lo enseñó su mamá quien sacó la receta a su vez de su abuela, etc, etc.

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Si debo ser sincera, me gusta más su versión, porque la crema queda menos esponjosa y el sabor del mascarpone es más notable. No digo que no aprecie el sabor de otros tiramisus que en muy buena voluntad a veces me traen a casa los amigos. Con pan de españa en lugar de soletillas, con licor, sin café, con crema montada, sin ella. Una vez probé uno que tenía tantos tipos de licor (ron, naranja, licor de café) que acabé tumbada en el sillón sin saber si lo que había comido era de verdad un tiramisù o me habían emborrachado a proposito para que bailara encima de la mesa. Yo me los como, los aprecio y los agradezco, pero mi corazón y paladar siguen prefiriendo el sabor de un tiramisù de “los de antes”. Que le vamos a hacer, para algunas cosas soy más clásica que la coca-cola.

Mi marido eran días que me rogaba le hiciera un tiramisù. Pero uno normalito, mi amor. Como el que hacías al inicio. Que traducido quiere decir: Por favor, los experimentos para en otra ocasión, dame al menos la oportunidad de comerme un verdadero postre italiano sin que lo cambies con tus experimentos a un híbrido sacado de las recetas de Martha Stewart. ¿Les he dicho cuanto adoro a mi marido?.

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El día que le cumplí el capricho era bastate tarde (casi las siete), lo que significaba que no iba a ser posible tomarle fotos, al menos no a todo el tiramisù -y miren que tenía pensado hacerla-. Decidí pues que ese día podíamos resistir sin comerlo.
Mi suegra -quien es una golosa como pocas- se enteró que lo había hecho, por lo que viene y me dice con su sonrisa de serpiente (en otra entrada les cuento lo que quiere decir, pero les adelanto que es un apodo que le han dado sus hijos):

- ¿Hiciste tiramisù? *sonrisa de serpiente*
- Si -le contesto- pero no puedo darte ahora mismo porque quiero hacerle unas fotos y como ves, el sol ya hace rato que se ocultó.
- Está bien mi amor, mañana vengo por un pedacito, de todos modos ya sabes que no puedo comer tanto dulce por la noche. – Y se va, desilusionada, con su sonrisa de serpiente transformada en un puchero.

Al día siguiente fué uno de esos días que pasan mil cosas, ya sabes, que tienes que ir a comprar esto, que llamar a aquella, que terminar un trabajito en el pc, que comentar en los blogs…lo normal, solo que un poco más ajetreado. Se me olvidó que tenía tiramisù en el frigo.

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A eso de las 4pm me dice mi marido: Esto…¿Vas a hacerle las fotos hoy al tiramisù?.
Pego un salto de la silla que me lo hubiera envidiado la mismísima Lola (Lola es mi gata) y me voy corriendo al frigo a sacarlo mientras le doy instrucciones a mi ayudante (llamese Max) para que me traiga mis utensilios (o mejor dicho, cachivaches) a la sala de estar, visto la hora que era y que el sol ya no entraba como lo hace por la mañana en la cocina.

En un minuto montamos todo -o sea, una mesa, un fondo y un pedazo de tiramisù en un plato- y me dispuse a disparar con la cámara sin ton ni son.

Normalmente hago mis fotos cuando estoy sola, por la mañana. Ya que el sol entra en mi cocina de una forma maravillosa y me permite captar una luz natural que a mi en lo personal me encanta. Pero ese día era tarde y la única luz que entraba en casa a raudales era en la sala de estar (donde tengo una ventana y una…¿se le puede llamar puerta-ventana?, bueno, me entienden). Así que no me quedó más remedio que trasladarme ahí. Me gustó. El resultado definitivamente me gustó.

Con las prisas (por aquello del sol), al cortar el tiramisù no me salían las rebanadas en buen estado, por lo que tuve que hacer varios intentos, dejando como resultado un molde con restos de tiramisù que a mis trogolditas no importó en absoluto y que devoraron igualmente con inmenso placer. Incluyo entre estos a mi gata que le dió unos lengüetazos a los cachetes de Max quien no sé como se las averiguó para ensuciarselos con chocolate.

Al principio no me gustaban las fotos, el primer grupo que tomé las veía un poco “planas” y sin chiste ya que aparte del trozo de tiramisù, un poco de chocolate líquido y un plato blanco ahi no había nada. Ningún feeling.
Entonces, un ramalazo de inspiración (¿O de locura?) me pasó por la cabeza y recordé haber visto una foto afuera de un restaurante donde en una zuppa inglese se veían rastros de un paso humano.

Así, mientras disparaba con la cámara, me giro en una de esas y veo a mi marido y mi suegra que me miran con ojos de perdidos-en-el-desierto-sin-comer-en diez-días. Y les digo: Venga, denle una probadita al chocolate.
El resultado a mi me encantó. No sé a ustedes.

Entonces. ¿Nos comemos un tiramisù normalito?

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Tiramisù (para 4 personas y un gato)

200g de savoiardi (soletillas)
300g de mascarpone
50g de azúcar
3 huevos
1 tazita de café expreso
cacao amargo en polvo
chocolate amargo rayado
1 pizca de sal

Preparar el café expreso y dejar enfríar.
Separar las yemas de los huevos y batirlas junto con el azúcar por 5 min. Suavizar el mascarpone y agregarlo a las yemas, seguir batiendo por 4-5 min hasta obtener una crema densa.
Montar (¡Ay! que me aventuré) a punto de nieve las claras con la sal e incorporarlas a la crema del mascarpone con movimientos suaves y envolventes.

Poner una cucharada sopera de la crema de mascarpone en el contenedor (molde, refractario) que utilizarán para el tiramisù y untarla uniformemente hasta cubrir el fondo.
Hacer una capa con los savoiardi y mojarlos con un poco del café expreso, cuidando de no ensoparlos demasiado. Cubrir con crema del mascarpone y espolvorear con un poco de cacao en polvo. Continuar  repitiendo la operación hasta terminar con una capa abundante de cacao y alternando las capas de galletas en forma horizontal y vertical.

Refrigerar al menos dos horas y espolvorear con chocolate rayado al momento de servir.

Experimental o clásico, espero que disfruten su tiramisù.